4 de abril de 2008

Igualdad, feminismo y corrección política.

Bueno, antes de nada pedir disculpas. Más a mi mismo que a la gente que lee el blog, que prácticamente no tiene visitas.
¿Y por qué disculpas? Pues por que hace meses que no pongo un solo mensaje.... últimamente no he filosofado mucho, más bien he fisiqueado, inventado... o como querais llamarlo, y claro, esas cosas van en mi otro blog.

Pero he visto algo que me ha despertado de nuevo la vena filosófica, así que aquí va un post al respecto.

Este es el aspecto que tienen desde hace no mucho tiempo los semáforos de A Coruña. Han cambiado los monigotes de toda la vida por monigotes femeninos.
Curiosamente, han llevado la igualdad a los semáforos a rajatabla. En cada paso de peatones hay dos semáforos (uno en cada extremo); en cada uno de ellos, una de las figuras es masculina, y la otra femenina, y cambian el color. O sea, en un lado del paso de peatones tenemos a una figura femenina en rojo, y a una masculina en verde, y en el otro lado, una figura femenina en verde, y una masculina en rojo. Igualdad hasta en las luces de los semáforos.

Yo, personalmente no puedo evitar reirme cuando veo estas cosas. ¿Por qué tanta preocupación por la igualdad en algo tan tonto como un semáforo? ¿Por qué se cuida tanto el detalle, para que no haya, por ejemplo, solo chicas rojas y chicos verdes, que podría dar lugar a oscuros significados del estilo de "las mujeres se quedan quietas mientras los hombres andan".

Una de las primeras cosas que pienso cuando me hablan de igualdad de sexos es que los hombres y las mujeres no son iguales. En la gran mayoría de los casos, con un solo vistazo podemos saber si alguien es chico o chica, hay demasiadas cuestiones físicas que nos diferencian... peso, estatura, anchura de hombros, de caderas, forma de los pechos, en menor medida la longitud del pelo..... también es casi siempre inmediato reconocer si una voz pertenece a un hombre o a una mujer.
No solo somos diferentes, si no que lo sabemos y lo tenemos perfectamente asumido, por eso hay ropa distinta para hombres y para mujeres, y en lugares públicos hay baños para hombres y baños para mujeres.

Somos diferentes y lo sabemos, es demasiado obvio como para no darse cuenta.... si hasta tenemos comportamientos distintos.... el problema es ¿En qué somos distintos y en qué no lo somos?

Vamos a hacer un repaso:
Físicamente, los hombres, por lo general son más altos, más pesados, más anchos y más fuertes. Las mujeres por su parte son más flexibles y probablemente de movimientos más rápidos.

Mentalmente, los hombres tienen una mayor facilidad para resolver problemas físicos, ya sea hacer un trabajo de bricolaje u orientarse en un mapa. Por su parte, las mujeres tienen más desarrolladas las habilidades sociales, se comunican mejor con otras personas, y tienen mayor facilidad para entender qué piensan los demás.

Estas cosas habría que tenerlas en cuenta en todo momento.... En una obra de la construcción ¿Cuántas mujeres suele haber trabajando?... pues por lo general ninguna, es un trabajo que en general conlleva la utilización de fuerza física para levantar pesos y similares. A mi me resulta claro que es un trabajo al que se adapta mejor un hombre que una mujer.
¿Cuántos hombres trabajan de profesores de niños pequeños?.... muy pocos en comparación. Para enseñar a niños pequeños hacen falta habilidades sociales, entender lo que piensan, lo que quieren, hace falta comunicarse, y hacerlo bien, y estas son habilidades que tienen mejor desarrolladas las mujeres.

No quiero decir con esto que una mujer no pueda levantar una pared de ladrillo, ni que un hombre no pueda enseñar a niños pequeños. Ni siquiera estoy diciendo que no deban hacerlo. Soy un gran fan del pensamiento lateral. Si una mujer no puede levantar 50 kilos, inventará una polea. Si un hombre no es capaz de mantener a raya a una clase de niños, usará algún tipo de disciplina.

En definitiva, que me enrollo demasiado. No somos iguales, por lo tanto no debemos pedir igualdad estricta. Tampoco somos mejores o peores, con lo que tampoco debemos pedir mejor o peor trato. Somos distintos, y debemos pedir tratos distintos, preferiblemente adaptados a lo que mejor podamos hacer, pero no tratos mejores o peores que el otro sexo.